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Un nuevo horizonte: el comercio justo

Javier Rosales [@jrosalesharo].- La economía y el comercio han sido siempre herramientas necesarias para el desarrollo y el crecimiento de la humanidad. Pero en las últimas décadas se han producido cambios trascendentes en el sistema económico que nos han llevado a un modelo de desarrollo en el que en muchos casos la persona está al servicio de la economía, y no al contrario.

Las reglas del juego del comercio mundial, marcadas por los países ricos y las empresas multinacionales, marginan a las comunidades campesinas y pequeños productores. Por ejemplo, en muchos países del Sur del planeta, los ingresos de millones de familias dependen de la exportación de café, cacao, azúcar, algodón… pero los precios que reciben por sus productos no les permiten vivir dignamente de su trabajo. Otros muchos hombres y mujeres de los países empobrecidos se ven obligados a realizar trabajos en fábricas o talleres en condiciones de explotación. La competitividad y el máximo beneficio económico se convierten en la norma, sin importar el coste social y ambiental: pobreza, aumento de las desigualdades y de la exclusión (tanto en el Sur como en el Norte), agotamiento de los recursos naturales, contaminación…

Es a partir de esto punto en donde se hace necesario restaurar el propósito principal del comercio consiguiendo el bienestar de todos sus públicos de interés, antes de beneficiar a unos pocos. Es así como durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) allá por 1964 fue nombrado por primera vez el comercio justo (o comercio alternativo), uniendo comercio y desarrollo.

El Papa Benedicto XVI ya hablaba, en su encíclica «Caritas in veritate»  («La caridad en la verdad»), en el apartado 66 sobre este tema y decía: Es conveniente favorecer formas nuevas de comercialización de productos provenientes de áreas deprimidas del planeta para garantizar una retribución decente a los productores, a condición de que se trate de un mercado transparente, que los productores reciban no sólo mayores márgenes de ganancia sino también mayor formación, profesionalidad y tecnología.

El Comercio Justo es una relación de intercambio comercial basada en el diálogo, la transparencia y el respeto que busca una mayor equidad en el comercio internacional. Contribuye al desarrollo sostenible ofreciendo mejores condiciones comerciales y asegurando los derechos de los pequeños productores y trabajadores marginados, especialmente de los países más desfavorecidos.

Por ello, desde la Iglesia y su Doctrina Social, y más concretamente, desde la realidad de Cáritas se promueven acciones en la comunidad cristiana y en la sociedad en general que generen un compromiso de solidaridad con todos los pueblos, dando a conocer y denunciando la situación de pobreza, informando y sensibilizando a través de las Cáritas Diocesanas. Estas acciones deben ser experiencias y estímulos para un nuevo modelo de convivencia social que cuestione el modelo de economía que aumenta la brecha entre población rica y población pobre, y que genera cada vez mayores situaciones de desigualdad y exclusión.

Y ahora nos preguntamos: ¿cómo es posible concienciar en nuestras aulas a favor de este tipo de comercio? Es de vital importancia tratar con el alumnado temas esenciales para favorecer un consumo responsable, que sean conscientes de las repercusiones sociales y ambientales de nuestro consumo, consecuencias directas de nuestras decisiones como consumidores y consumidoras. Para ello es bueno cuestionarse sus hábitos de consumo, la influencia de la publicidad, la capacidad de elección del consumidor.

Es muy común escuchar a un niño o a un adolescente enfadado decir:  «¡Eso no es justo!». Los más jóvenes tienen un sentido más fuerte que los adultos de conceptos como la justicia o la equidad. Quizás los adultos hemos perdido el sentido de este término demasiado rápido por haber tenido que asumir que la vida, muy a menudo, «no es justa». La empatía de los menores es grande y puede ser desarrollada todavía más si compartimos y potenciamos el comercio justo en las escuelas canalizando una serie de experiencias que nos acerquen a este tipo de comercio que más solidario y equitativo para todos.

No hacen falta grandes retos a largo plazo que abarquen cuestiones que se nos escapen de nuestras manos. Basta con ir creando conciencia en toda la comunidad educativa con pequeños «gestos» que nos acerquen a reconocer que otras formas más justas de fabricación y comercialización son posibles.