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El móvil en el aula

Florencio Hernández (@FlorenHdez).- Inicio una serie de entradas en el blog de Fundación Victoria con la idea principal de servir de ayuda y reflexión sobre el uso de las herramientas TIC en nuestros colegios. E incido en el término «herramienta», ya que entiendo que estos recursos, amados por unos y temidos por otros, no son un fin en sí mismos, sino un soporte más que nos ayuda en el desarrollo de nuestra misión educativa y evangelizadora.

Y para comenzar, un tema de lo más controvertido sobre el cual todavía, la verdad sea dicha, no llego a tener una opinión cerrada, y es si debemos fomentar o prohibir el uso del móvil en clase. Y mis titubeos en parte porque veo que no les falta razón tanto a los criterios argumentados por los que están claramente a favor como los que están decididamente en contra. En esto, como en casi todo, supongo que las cosas no son del todo blancas ni negras.

Es interesante aclarar que no nos estamos refiriendo al uso de «pantallas», como ordenadores o tablets, sino al hecho de que el alumno se traiga un smartphone de su propiedad a clase (BYOD), teléfono que, cosas de la vida, se usa para todo menos para hablar.

Puede ayudarnos al menos buscar un punto desde el que podamos partir todos, detractores y partidarios, y creo que puede ser el de la edad. De forma general, los gigantes tecnológicos como Google, Microsoft o Apple limitan a 13-14 años el poder abrir y gestionar por menores cuentas no tutorizadas por adultos, aunque saltarse esta limitación sea algo bastante sencillo (creo que mi hija en Apple ID tiene la misma edad que mi abuela), pero esta limitación, junto al sentido común, nos puede dar pistas para entender que podemos empezar a hablar del móvil en el aula a partir de la ESO. Ya sé que alguna amiga de Primaria va a levantar la mano diciendo que está encantada con ClassDojo o Kahoo, pero repito que intento buscar elementos pertenecientes a la intersección de los conjuntos aFavor-enContra.

En esa búsqueda de puntos de unión me encuentro con presuntas paradojas como que los ‘cocos’ de Silicon Valley llevan a sus hijos a colegios sin ordenadores, o experiencias de colegios sin libros de texto, o aulas iPad. Es la lógica del todo o nada, blanco o negro. Colocar arcos detectores de móviles a la entrada de los colegios no parece tener mucho sentido. Ir condenando a que los niños, también en clase, pasen horas delante de una pantalla, tampoco.

Sea cual sea la política de uso en el centro, en algunos claustros nos encontramos también extremos con profes supertecnológicos que controlan cualquier app educativa y se conectan con el microondas de la Estación Espacial Internacional, y otros que todavía sufren lo más grande a la hora de abrir un correo con un PDF adjunto (si va protegido con contraseña, ya ni te cuento). El primero corre el peligro de ir en plan Quijote, un poco por libre, dando envidia a diestro y siniestro con sus malabarismos informáticos. El segundo, que no sabe dónde meterse cuando se habla de Classroom en la sala de profesores, se apunta a todas las jornadas de formación TIC, pero como que no, oiga, que siente que ha llegado tarde a este rollo digital y que no es lo suyo.

Y todos, los de los extremos y los de en medio, dando por sentado que los alumnos, nativos digitales, nos dan mil vueltas con el uso tecnológico y, mire Vd por donde, más bien no: en la inmensa mayoría, los niños no saben distinguir una fuente fiable de una que no lo es (fake news, bulos), dónde están los límites en la toma y difusión de fotografías (chantajes), el derecho a la intimidad y exponerse más de lo debido (emulando a influencers), el respeto al otro (bullying), saber protegerse (acoso en redes sociales), navegación segura (contenido adulto), etc. etc. ¿Es tarea de la Escuela educar también en lo digital? Yo diría que sí.

Podemos poner muchos ejemplos en uno u otro sentido, a favor o en contra, pero en mi opinión, como ya os habéis podido imaginar, la vía puede ser la intermedia: equipos de profesores que se apoyan y acompañan mutuamente para ir valorando cómo aprovechar un dispositivo con el que el alumno se siente cómodo, para alcanzar un objetivo o una capacitación en cualquier asignatura. Un uso medido, puntual, tangencial, desde casa, desde el cole o como se quiera, pero siempre haciendo piña el centro junto con las familias. Meter el móvil en el aula no sólo porque me sirva una app molona que me hace tener la clase atenta, sino además porque me es útil para acompañar y educar en un uso más responsable de la tecnología.

Lo más normal es que cuando desde el Centro a los alumnos y a los padres se les deja claro qué se va a hacer con el móvil en clase, quién es el responsable en caso de rotura o pérdida, en qué momentos no está permitido su uso, o qué se puede y qué no se puede hacer con él, vamos a acotar bastante los problemas… pero no los vamos a poder eliminar, tengámoslo en cuenta.

¿A partir de cierta edad las monitoras del comedor dejan de cortarles los filetes a los niños y se los cortan ellos solos con el cuchillo? Pues lo mismo para el móvil, hagamos de la dificultad una oportunidad, y que lo que puede convertirse en un arma sea en cambio una herramienta más que nos ayude en nuestra tarea educativa.